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| Venezuela A bordo del avión de Aeropostal que me trajo de regreso a Dallas, escribí estas líneas a cerca de mi viaje. Pasé una semana en este fantástico país tan Mexicano en escencia. Todo lo bello y lo terrible me retumba como mi propia patria. El país proble-ma, la corrupción, el amiguismo, y el desmadre generalizado, contrastan con la calidez y la entere-za de sus habitantes, y como fondo, la extraordina-ria belleza de su paisaje. Venezuela y sus vainas, panas, cónchales, y arepas. Un mundo de modis-mos por aprender, y un sin fín de gente arrecha y de pinga. Arribé en medio de una agonía terrible en la boca. Fuí salvado de mi martirio por mi ¿futuro dentista? el Dr. Rogelio, cuyas manos mágicas aliviaron mi calvario, tocando más que mi boca, y más allá de mi corazón. Todo mi respeto para usted doctor. Sin su ayuda, mi viaje hubiera sido, textualmente, un doloroso fracaso. Tuve la increíble compañía de mi nuevo altísimo pana, Don Eduardo Moreno. Hablamos sin parar hasta iluminarnos, y me llevó a todos los lugares llevables en una semana. Recorrimos Valencia, Caracas con su teleférico y su montaña, Puerto Cabello, y el mar de aquél pequeño pueblito, Patatemo, donde tomé cientos de imágenes que ahora forman parte de mi memoria y obra artística. Desde luego mis anfitrionas las dos Lucías. Lucía grande quién me cuidó (y regañó) como toda una madre Venezolana, y me mostró nuevas emocio-nes a bordo de su auto. Lucy, para tí todo mi agradecimiento, y como siempre las puertas de mi casa y sus adentros, incluyendo a Juan. Lucy chiquitititica, la innombrable en México... Chichi. Gracias por compartir conmigo tus perolitos y vainitiquicas, además de permitirme babear tu almohada y desgraciar a tus pobres muñequiticos quienes me confortaron en mis horas de dolor. Mil gracias, seguro estoy de que harás de tu vida algo inmenso, eres muy especial. Es indescriptible la dicha de haber conocido tantos nuevos amigos quienes me brindaron con el corazón abierto un trozo de su país. Donde quiera que se encuentren les mando todo mi afecto y las gracias más sinceras. A la familia Moreno, y a todos los Durrego, los Boy Scouts de Venezuela, al compadre de Eduardo y Jorge, Mañanita, el Maracucho, los pescadores, y todos mis modelos. Un abrazo de hermandad latino-americana. Nunca me había sentido tan en mi casa como en su patria, gracias. Para Juan, quien es el culpable de haberme mandado con ustedes sin instrucciones de apaga-do, todo mi afecto a sabiendas que un buen día de estos, tendré la oportunidad de llevarte a México para corresponder este regalo tan preciado que me ofreciste. Llegué
a Venezuela con la muela fracturada, y me Tantas
cosas que me deja este viaje, más mi cuerpo se encuentra totalmente
deshuansado por tanto trajín y poco dormir. Mi mente viaja en círcu-los,
y mi corazón se desmorona y se convierte en arena al enfrentar
mi regreso a Dallas.
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Venezuela Coming soon... Meanwhile you can practice your Spanish.
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